| Carlos Miguel Fernández Recio
Los Toros y la ley: instinto y orden, anarquía y autoridad, despotismo y mando. Dos mundos diferentes que convergen y transgreden sus respectivos límites en la Fiesta taurina. Protagonistas taurinos que a menudo se mueven en los límites de la legalidad y autoridades que con frecuencia se convierten en protagonistas de lo taurino.
Muchos han sido los incidentes entre toreros y autoridades a lo largo de la historia. Aquí vamos a dar un repaso a los más relevantes y que, por ello, aún perviven en la memoria de algunos aficionados.
El 25 de mayo de 1967, Curro Romero protagonizó un ruidoso incidente en la feria madrileña de San Isidro, al negarse a matar un sobrero de la ganadería de Cortijoliva, por lo que después de escuchar los preceptivos tres avisos fue detenido por la autoridad gubernativa. Curro pasó la noche en la comisaría vestido de luces y fue liberado al día siguiente, con el tiempo justo para entretenerse en cortar dos orejas en el mismo coso donde fue abroncado la tarde anterior.
El 18 de mayo de 1968, Miguel Mateo Miguelín, que por aquel entonces andaba a vueltas con El Cordobés y el trapío de los toros estoqueados por éste, se lanzaba al ruedo de las ventas en uno de los toros que le correspondían al greñudo maestro y acariciaba el lomo de la res, reivindicando así el argumento por él defendido en el momento: El Cordobés mataba gatos. Posteriormente, y siguiendo el procedimiento legal para estos casos, era detenido y multado además de sancionado sin poder hacer el paseíllo al día siguiente en el abono isidril.
Algunos hablan de los 50, 60 y 70 como una especie de época dorada en la que la competencia entre toreros alcanzaba su máximo esplendor: amenazas, comentarios y rumores que, en ocasiones, llegaban a materializarse en alguno de los ruedos. En dichas ocasiones, eran las fuerzas del estado las encargadas de mediar en este tipo de conflictos, fijando las preceptivas acciones judiciales o multas.
Más recientemente, en concreto en el año 1993, veíamos como Jesulín de Ubrique era multado con 12 millones de pesetas tras permitir que su apoderado Manuel Morilla, saltase al ruedo vestido de paisano e intentase torear a uno de los toros del diestro de Ubrique en Sanlucar de Barrameda (Cádiz). En este caso, no se produjo la intervención de las fuerzas policiales sino que fue el gobierno autónomo de Andalucía el encargado de sancionar dicha actuación.
Sin embargo, uno de los delitos tradicionalmente más repudiado por el mundo taurino en general es aquél de hacer la luna. Torear los toros en el campo a la luz de la luna puede tener consecuencias nefastas si alguno de esos toros es posteriormente lidiado en una plaza. En 1990 tres novilleros de Albacete eran acribillados a tiros tras haber sido sorprendidos toreando clandestinamente, en una finca de la provincia de Murcia. Los hechos dieron paso a un complicado proceso legal que se resolvió con la condena de uno de los hijos del mayoral, José Manuel Yepes, y del dueño de la finca, Manuel Costa.
El mundo de los toros, basado en una liturgia sin normas, en una lucha por la supervivencia, no es una jungla donde campar anchamente. La figura de la autoridad está presente en todos los estamentos taurinos y...como reza en los carteles: con el permiso de la autoridad y si el tiempo no lo impide....y hay ocasiones en las que la autoridad no lo concede.
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