| Carlos Miguel Fernández Recio
No están en Julio, pero están en Junio. No están en Agosto, pero están en Septiembre. No están el domingo, pero están el jueves. Ahora estoy, ahora no estoy. Ahora Pinto, ahora Gorgorito. Es el público de ahora sí, ahora no. El público de San Isidro y la feria de otoño, de la feria de Abril y San Miguel, de Fallas y San Jaime...Son los Bobos ( del inglés bourgeois y bohemians), o sea, una especie que se encuentra en las ferias.
Que no va público a las plazas de temporada fuera de los abonos, es una verdad como un templo; basta acercarse cualquier domingo a una de ellas. Sin embargo, cuando llega la feria, como por arte de magia, los tendidos se pueblan de todo tipo de caras nuevas y pelajes distintos...y repiten al día siguiente..y al otro...y se levantan ...y aplauden...y saludan a diestro y siniestro...y se llaman de tendido a tendido con el móvil...y comentan sobre las faenas ....¡ coño, que hasta protestan y todo!
Sus ternos no denotan su condición social...o sí, a veces, sí. En el tendido califican al toro de salida, generalizan sin temor, rien las gracias al tendido siete...¡...picaor, eres peor que mi suegra!, dice el tío... ¡qué bueno!; llevan a amigas de muy buen ver, sin objeción ¿eh?, pero te ponen de mala leche con sus explicaciones constantes y a destiempo.
Normalmente, heredan los abonos de sus fallecidos familiares o, en ocasiones, del papá que no puede acudir a la plaza esa tarde. Descrito espero haya quedado su comportamiento en la plaza, pero ...¿qué hay de su comportamiento fuera de ella?
Esperan su oportunidad. Guardan el tema, como muchos otros, para el momento adecuado. En eso son listos. Aprovechan la oportunidad cuando surge. Defienden lo tradicional, lo minoritario; ser taurino está tanto o más de moda que no serlo. ¡Ese es el secreto del éxito! Hablan de sus tardes en San Isidro y realizan un par de comentarios para tantear el terreno. ¡No vaya a ser que haya algún entendido!. A partir de ahí, se lucen. Hablan de El juli: de sus pares de banderillas, de sus quites en plan mosquetero y de sus huevos y olé; también hablan de los Vitorinos: de los cuernos de sus toros, de cómo derribó al picador, de cómo los entrena Victorino en el campo, de que le han contado que esos toros hacen un ejercicio especial, y de ahí su bravura. Sin embargo, de una u otra manera hablan de toros.
Suelen ser los hijos de los aficionados del clavel: público de ferias también, normalmente hijos de muy buenos aficionados que los llevaban de pequeños a la plaza. Por ello, muchos de ellos, a fuerza de acudir a las plazas, se han convertido en grandes aficionados. Al menos, éstos diferencian las cosas cuando suceden en el ruedo. Con mayor o menor rigor, son buenos aficionados. Pero los niños, los bobos son otra cosa: Estos no se enteran de la vaina.
Sin embargo, van a la plaza cuando tienen la oportunidad. Están ahí, aunque sólo sea en las tardes de relumbrón. Pero están. Porque fuera de feria, cuando la temporada continua su devenir, ahí sólo van cuatro. Por ello, la fiesta necesita a los bobos, a los del clavel, a los americanos sin camiseta y a los japoneses de la Nikon. Porque como decía aquel: los auténticos aficionados... con esos sólo llenarías una fregoneta.
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