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Esther
Poza
"Más cornás da el hambre", frase mítica
reveladora de una filosofía del toreo que llevaría
a la tumba al pundonoroso torero del barrio
de la Alfalfa, Manuel García Cuesta, El
Espartero.
Este hijo de un modesto espartero, desde muy
pequeño siente la llamada de la vocación taurina,
actuando por primera vez en público en el ruedo
de Guillena. Aprovecha cualquier oportunidad
de echar la capa en todas las escapadas nocturnas
que se le presentan y en el año 1892
logra presentarse en la plaza de Sevilla
en calidad de banderillero.
Un año después comienzan sus actuaciones como
matador de novillos obteniendo un gran éxito
en Cazalla de la Sierra. En 1885
se presenta como novillero en Sevilla,
estoqueando ganado de Anastasio Martín.
El Espartero fue conocido en
su época por su gran valentía y pundonor, que
le llevaron a la muerte en una trágica tarde
de mayo del año 1894 en Madrid.
La figura romántica del Espartero es
legendaria por el extremo coraje que manifestaba
en una escalofriante quietud de pies frente
a las embestidas de las fieras; no es de extrañar
que tan sólo en el primer año de su carrera
como matador sufriera 15 cornadas. Pese
a su buen hacer torero, El Espartero fue criticado
en múltiples ocasiones de llevar alta la flámula
y hacer un pequeño extraño con el brazo, que
no era otro que dibujar una parábola en el momento
de herir, por lo que en término general, quedaba
el estoque mal colocado. Este defecto jamás
fue corregido por el matador.
Como novillero, su fama empieza a crecer y
en dicha tesitura se anuncia su alternativa
en 1885 en Sevilla. Así el 13
de septiembre y de manos del El Gordito
estoquea superiormente dos toros de saltillo.
En esas circunstancias la presentación en Madrid
se rodea de la máxima expectación. La suerte
es esta vez esquiva y la prensa ataca el valor
inconsciente que no mucho después le llevaría
al cementerio.
En 1888 alterna con Guerrita
en la plaza de Sevilla, en medio de un
ambiente de tal rivalidad entre los partidarios
de uno y otro torero, que el propio Espartero
hubo de defender al cordobés de las agresiones
de sus detractores. La de 1891 es su
temporada más gloriosa. Los favores del público
son suyos, creando un ambiente hostil al Califa
de Córdoba.
En 1894 vuelve a la plaza de Madrid
donde encuentra la muerte en el miura de nombre
Perdigón. Una fatídica cornada en el vientre
le hace expirar en la enfermería de las Ventas.
El Espartero no había cumplido
aún los 30 años. El cadáver fue llevado en tren
a Sevilla y en el magnífico entierro
se popularizaron aquellas famosas coplas: "Ocho
caballos llevaba el coche del Espartero...".
El Espartero ha pasado a la
historia de la tauromaquia como un torero caracterizado
por su quietud y el uso de terrenos inéditos.
Fue el precursor de un nuevo estilo, que más
tarde llegaría.
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