| Carlos Miguel Fernández Recio
El próximo 23 de mayo se cumplirán las bodas de plata de Luis Francisco Esplá como matador de toros. ¿ Sorprendidos? ...yo tampoco lo hubiese jurado. Y creo, sinceramente, que su trayectoria bien merece unas humildes líneas antes de que se convierta en un manido y socorrido tema de actualidad. Esplá forma parte de ese grupo de toreros atemporales y discordante de sus contemporáneos que llenan las páginas de la historia de la Tauromaquia.
Nacido en Alicante poco antes del advenimiento de los cuatro de Liverpool, en una España deprimida; de imaginaciones controladas y sueños teledirigidos por el movimiento; con un pueblo pendiente de los mayos de gloria del rey futbolístico de Europa y con un chalao que estaba a punto de abandonar el heredado apodo de El Renco. Eran finales de los 50...
Paquito Esplá nace en el seno de una familia torera y taurina: su padre fue novillero, ganadero y profesor en una finca familiar con placita de tientas en Benidorm. Sus comienzos están estrechamente ligados a los de su hermano Juan Antonio. De aquella época han quedado sobre todo algunas de las instantáneas más curiosas y llamativas que cuelgan de las paredes de las tabernas con sabor.
A Juan Antonio le abandonó la ilusión cuando ya era lo único que le quedaba. Sin embargo, Paquito se mantuvo fiel a su forma de concebir el toreo y su particular interpretación del toreo-business.
Allá por los 80 trataron de encasillarle en los carteles salvaferias de los banderilleros: Luis Francisco Esplá, Nimeño II-q.e.p.d.- y Morenito de Maracay, recita mi mente como si de la alineación del Madrid de Juanito, Santillana, Stielike... se tratara. Aquello no duraría mucho...Esplá se resistió a ser herrado con ese sello. Las plazas se llenaban con aquel cartel en el que, contrario a lo tradicional en los toros, el espectáculo estaba asegurado; sin embargo, los toreros apechugaban con los hierros más duros, los toros más grandes y los sueldos...los sueldos más bajos.
Esplá comenzó a ser más selectivo. Sus apariciones en los medios eran también contables con pocos dedos y unas cuantas intervenciones en diversos programas televisivos comenzaron a forjar una imagen intelectual del torero con voz de pito. Esplá hacía cosas diferentes, originales, de otro tiempo...evocaba sabores del pasado con respeto y gallardía.
El tiempo se ha encargado de demostrar que aquello no era una pose. Esplá, veinticinco años después, continúa haciendo las mismas cosas. Sus actuaciones en plazas de máxima responsabilidad suponen, muy a menudo, una bocanada de aire fresco entre tanto toreo insípido y de fábrica. Es otro de los toreros que al que se puede ver andar por la plaza: su sentido y dirección de lidia, su colocación, su forma de ejecutar las suertes e incluso sus vestidos.
Esplá ha conseguido el respeto de todos: aficionados, compañeros y prensa por igual. Es la temporada de su 25 aniversario como matador de toros. Esperemos que las empresas, ésas que le han maltratado en otras ocasiones, le brinden la oportunidad de cosechar el homenaje merecido. Bodas de plata...con letras de oro.
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