| Carlos Miguel Fernández Recio
El pasado sábado volvía Jesulín de Ubrique a los ruedos en Olivenza. El retorno del guerrero, el rey del prime time, el torero tombolero...como más te guste. Es una lástima que Jesulín sea más famoso por estas cosas que no por la realidad torera en la que se convirtió aquel chaval que se anunciaba y sorprendía de novillero junto a Finito de Córdoba.
La estrategia adoptada por Jesulín en su día fue muy inteligente. Sabidos son los ensayos en diferentes charlas universitarias del célebre incidente protagonizado en el programa de Mercedes Milá. Posteriormente, llegaron las tortillas, los sostenes, los vestidos amarillos, cabalgar a lomos de los toros, incitar a protagonistas espontáneos y las exclusivas en el Hola, por poner un ejemplo.
Jesulín ha causado estragos en el toreo. Montado a lomos del boom televisivo de las televisiones privadas, sus huevos llegaron a estar en la sopa de todos los hogares españoles día sí, día no; y, para colmo, su particular “Kramer contra Kramer” le convirtió en objetivo prioritario de los que sacaban un titular hasta del color de su ropa interior.
No me extraña que hace un par de temporadas tuviese que dejar los toros. Jesulín probó un poco de la medicina que él mismo se encargó de fomentar y llegó el momento en el que no lo pudo soportar más. Sin haber superado la treintena, subido en una espectacular montaña rusa, cabía esperar un periodo de reflexión tarde o temprano.
Jesulín anuncia que vuelve a los ruedos. No sé porqué el guión que promociona la vuelta ya me lo sé: he reflexionado, he madurado, quiero hacer el toreo lentito, profundo ...estoy en el mejor momento de mi vida. He superado mis problemas personales y quiero demostrarle a mi hija la clase de torero y persona que soy. Os pido por favor, que no queráis ver la más mínima intención de choteo en estas líneas pero es que esto lo oigo cada temporada por estas fechas. Unicamente cambia el protagonista que decide regresar al toreo activo en cada ocasión.
Sin embargo, parece que sí hay un claro deseo por parte de Jesulín de romper con el pasado. Su apoderado de siempre, Manuel Morilla, ha quedado al margen de esta reaparición y sus asuntos en los despachos serán gestionados por Pepe Luis Segura.
Jesús parece que se ha preparado a fondo para la nueva aventura, y los que le vieron en Olivenza hablan de un Jesulín mucho más pausado, profundo y, sobre todo, templado.
Condiciones para ser torero siempre las ha tenido, desde el principio, sólo hace falta que las explote.
Espero que Jesulín haya aprendido la lección que le ha dado la vida, que no es precisamente una tómbola. Aquélla en la que muchas veces a uno le toca premio en función del boleto que juega. Pero la misma en la que a uno se le ofrece la oportunidad de rectificar y resarcirse de equivocaciones y errores pasados.
Me quedo a la expectativa...
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