| Carlos Miguel Fernández Recio
¡Es increíble cómo pasa el tiempo y algunas cosas permanecen!. Cierto es que nuestro espectáculo es uno de aquellos basados en la tradición, en la cultura de un pueblo y en las sagas que, a todos los niveles, perpetúan el mismo. Ahora bien, no van muy desencaminados los que tachan el mundo del toro de inmovilista. Amanece el nuevo siglo, uno en el que, según los expertos, seremos testigos de los más asombrosos avances tecnológicos. Sin embargo, y después de esta breve introducción de iluminado, hay aspectos del toro que parece que están cambiando.
El invierno nos ha traído la actividad frenética de los despachos en los que se juega al soga-tira entre apoderados y empresarios. Como en todo juego, hay un ganador y un perdedor. Aquí no se va a abogar por el victimismo de unos o de otros, por la sencilla razón de que todos son perdedores y ganadores, a partes iguales.
La primavera parece que nos trae la airosa victoria de Joselito y José Tomás sobre los poderes fácticos que manejan los toros. Conseguir que los empresarios taurinos, asentados en la imposición, deshagan el puzzle y lo armen en función de las piezas que necesitan para que aquello resulte bonico de mirar, es todo un triunfo. Una victoria a lomos de uno de los toreros destinados a convertirse en leyenda y mito de la Tauromaquia, como es José Tomás. Por otro lado, no se le puede restar un ápice de mérito a la tarea de Enrique Martín Arranz. A éste no le tose nadie. Y eso molesta...¡joder, que si molesta! La lista de damnificados por las exigencias de Arranz incluye a aficionados, empresas, toreros y periodistas.
Los aficionados de las grandes ferias llevan dos temporadas sin poder ver al pasmo de Galapagar en sus plazas. Los empresarios llevan los mismos años llevándose berrinche tras berrinche con el mentor del mismo. Los toreros, ídem de ídem, sin ver el color que debieran a final de temporada. Y, los periodistas, con facturas de teléfono- sin tarifa plana -que asustan, tratando de convencer a jefes de prensa y apoderado para obtener declaraciones del genio.
Pero, amigos, al César lo que es del César. Si ellos consideraban que había llegado el momento de poner el universo taurino patas arriba y cambiar los papeles, en lo que a exigencias e intransigencias se refiere, pues olé y ellos mismos. Todo apunta a que el tiempo les ha dado la razón.
En Sevilla, torean dos tardes y sólo en una habrá televisión. En Madrid, una dentro del abono- con las cámaras- y otra fuera del ciclo parece que va a ser el acuerdo. ¿ Y ahora qué? Pues nada, a mí plin. Yo lo que quería era ver al torero del momento dar la cara en las plazas dónde por categoría y competencia se debe dirimir el devenir de la temporada. No obstante, me da la impresión de que algún otro comienza a cambiar la estrategia a la vista de los resultados. No es otro que Enrique Ponce. Si hay alguien capaz de, no sólo hacer sombra sino incluso brillar por encima de Tomás, ése es el de Chiva.
Ahora Ponce debe hacerse respetar y reclamar el trato y sitio que por derecho propio merece. El valenciano ya ha dejado entrever que quizás sólo vaya a Madrid una tarde- aunque una segunda podría ser la de la Beneficencia- y promete guerra. Atentos a Ponce esta temporada. Puede ser el que termine de poner las cosas en su sitio.
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