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Madrid de noche
Carlos Miguel Fernández Recio

El próximo viernes 20 julio se inicia un nuevo certamen de novilladas nocturnas con picadores organizado por Vía Digital en la plaza de Las Ventas. No quería dejar pasar la ocasión de analizar un hecho que, año tras año, hace que me frote los ojos como si de un espejismo se tratara:9 Junio de 1993, 2001 ó 2020; última corrida de San Isidro, plaza llena hasta la bandera culminando casi un mes de auténticos llenazos que hacen de Madrid el mayor negocio del mundo para empresarios y reventas. 10 Junio de 1997, 2000 o vaya usted a saber; un cuarto de plaza con abundancia de Jimmies, Charlies y Carolines en los tendidos de la monumental madrileña.

De acuerdo que el cartel de un día y de otro no tiene ningún parangón; sin embargo, no es menos cierto que a lo largo de una feria tan larga como la de Madrid, la variedad de los carteles es constante sin que ello signifique un receso en el número de espectadores que acuden a los tendidos. Los públicos acuden sea cual sea el cartel.

De acuerdo también en que, tras la feria, el dios Sol comienza a pegar sin piedad en Madrid y que se hace bastante cuesta arriba soportar las dos horas que dura un espectáculo taurino sobre el abrasador cemento de los tendidos. Ahora bien, dependiendo del año, mayo no es octubre y las diferencias no son tan significativas.

Por otro lado, a favor de los espectadores, cabe la posibilidad de sufrir una toritis aguda ante la cual los médicos recomiendan reposo absoluto y la supresión de la calle Alcalá de sus habituales rutas. No obstante, esto se cura...y una vez cumplido el tratamiento, se puede volver a una plaza con total tranquilidad y esto, compañeros, no sucede en Madrid.

Sin embargo, durante los últimos cuatro o cinco años, estamos asistiendo a la resurrección de una de los más saludables festejos taurinos: los nocturnos. La confección de un ciclo de novilladas con picadores en el que testar la condición del escalafón inferior en la plaza más importante, con la televisión por medio, a quinientas pesetas y a julai el último que llegue.

Es cierto, que el éxito se ha producido de una forma escalada y que ha sido el paso de los años lo que ha llevado a este ciclo a convertirse en una cita obligada del calendario taurino de la capital. Y aquí es donde conviene observar y analizar el fenómeno: alto porcentaje de público joven, familias completas que se llevan el tupperware a la plaza, aficionados de postín y, por supuesto, los Jimmies.

Todos ellos se mezclan en la plaza madrileña evocando el ancestral carácter popular de la fiesta de toros: la máxima expresión de celebración del pueblo. Soy consciente de que Madrid es una de las pocas plazas de temporada a la que uno puede asistir como espectador sin tener que desembolsar una cantidad excesiva de dinero: uno puede adquirir una andanada por unas 225 pesetas del ala en un espectáculo normal de temporada.

Sin embargo, se requiere una política de marketing bastante más agresiva para hacer de Madrid una plaza de temporada con público y no con el frío y desolador aspecto que ofrecen los tendidos actualmente. Se trata de llegar al espectador objetivo que pueda estar interesado en acudir a un espectáculo taurino, aunque sea por primera vez. Os sorprendería constatar cuantos aficionados potenciales desconocen que en Madrid se dan toros todos los domingos, de marzo a octubre. Haced la prueba...