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Planetatoro > Opinión > De fresa y oro
LETRAS DE TORERO DE FRESA Y ORO
Opinión
Tú solo, sólo tú, sólo yo...
En la génesis de la torería
Palabras de adiós
Se va Martín Recio...¡casi ná!
Semana de dolor
La revolución de los modestos
¡ A Madrid que vaya...Rita La cantaora !
Forjado de hierro
El Elegido
Madrid de noche
Sabores de otra época
Cosas que cambian
La vida no es una tómbola
El regreso de Aparicio
Andares de oro
Calentando motores
Estrategias
Toros a ritmo de módem
Tú solo, sólo tú, sólo yo...
Carlos Miguel Fernández Recio

Ese era el título de la película dirigida por Teo Escamilla en 1984: " Tu solo". En ella se podía ver a un grupo de niños pertenecientes a la escuela taurina de Madrid en sus primeros balbuceos en el toreo.

La película marcó un hito, en lo que se refiere al tratamiento de los toros en el cine, además de convertirse a la sazón en un auténtico icono moderno del mundo Gay. En el filme, aparecía Joselito toreando desnudo en el campo a la luz de la luna, para deleite de algunos. La película estaba protagonizada por unos jovencísimos Joselito, Carretero o el mismísimo Lucio Sandín. Y mostraba el lado humano del torero: sus emociones, sensaciones, sacrificios...y egoísmo.

El torero vive en sí mismo. En un mundo del cual es protagonista principal y que proyecta como extensión en el real. Un universo de sueños, frustraciones, miedos y éxitos. Un conjunto de escenarios creados desde el momento de la decisión de ser figura del toreo. Tiempo para pensar en uno mismo y en cómo conseguir materializar los sueños.

El torero no decide ser torero, sino que decide ser figura del toreo. Hay muy pocos toreros que se conformen con ser segundones en lo que hacen, o simplemente formar parte del gremio. Si no es en el escalafón superior, sea en el de subalternos; pero siempre el objetivo es triunfar, por encima de todos y de todo.

Este egocentrismo y ese afán de triunfo, le llevan frecuentemente a confundir la realidad: al torero le ayudan porque se lo gana en la plaza, le enseñan porque ven en él unas condiciones excepcionales y espera el maestro, por lo tanto, ser recompensado de alguna manera. En ocasiones, esto es lo que le lleva a tomar decisiones viscerales y basadas únicamente, en sus propios intereses. Llenas están las páginas de la historia del toreo de apoderados con el pecho partío de luchar en los despachos, pagados posteriormente con el desaire y la traición de un "fichaje" judaico por una casa grande.

Sin embargo, cuando vienen mal dadas, el torero acude y recurre a todos los contactos disponibles y descarga responsabilidades entre los diferentes estamentos por igual: no remataba el muletazo, le faltaba motor, el aire, la gente estaba fría, ponen a ese o al otro en vez de a mí...son algunas de las frases más manidas.

El torero piensa en sus necesidades primero y, luego... las repasa para asegurarse de que todas están cubiertas. Todo gira en torno a ellos: todos están a favor o en contra de ellos... Quien se les acerca es porque tiene algún particular interés. Son desconfiados en su egoísmo. Acaparan todo, incluso visto desde la religión: piden todos los días, a la hora determinada y demandan un trato deferente con respecto a los compañeros.

Sus decisiones tienen unas consecuencias que ellos consideran trascendentales para su mundo, y como tal, para los que les rodean. Sin embargo, y dentro de su egoísmo, son vulnerables. Buscan refugio entre sus seres más cercanos y para ellos deben estar siempre disponibles. Si el momento lo requiere han de encontrar la palabra de aliento que necesitan escuchar. Por el contrario, cuando la necesidad es la concentración, cierran todas las vías de comunicación y cualquier intromisión es considerada un alto ultraje para con la causa.

Cuando llega el momento de marchar, no tienen en cuenta a nadie ni nada más que sus propias sensaciones, sentimientos y motivos. ¡Olé!. De la misma manera, cuando vuelven, tampoco tienen en cuenta la opinión de los públicos ni empresas y demandan el trato especial que merece una figura como ellos. ¡Olé, olé!

Son los toreros. Figuras, genios, incomprendidos e irrepetibles. Son los toreros. Grandiosos, extraordinarios, afortunados y retorcidos. Son los toreros. Formidables, únicos, portentosos y...egoístas.