| Carlos
Miguel Fernández Recio
Nos llegan las noticias de la actuación de
El Juli en Valencia: sencillamente impresionante.
La faena estuvo precedida por uno de los tercios
de quites más apasionantes de los últimos años,
en el que tanto Juli como Joselito
y, en tono menor, Vicente Barrera revivieron
épocas pasadas mediante rivalidades capoteras.
Posteriormente, la que dicen ha podido ser la
mejor faena del de Velilla de San Antonio en
su corta pero intensa carrera.
La fiesta está plagada de tópicos que parecen
dictar los pasos a seguir para llegar a comprender
la liturgia taurina. Estos simplemente están
para aceptarlos o ...para discrepar de ellos.
Yo no espero a final de temporada para hacer
balance porque no me da la gana. Ya he visto
suficiente. Ya he visto como José Tomás
se ha perdido en guerras con molinos
por váyase usted a saber qué razones. Ya he
visto que con la torería y ambición de Enrique
Ponce se pueden hacer dos escalafones completos.
Y, por supuesto, ya he visto que la temporada
tiene un claro triunfador: Julián López El
Juli.
De cuando en cuando, y afortunadamente en el
mundo taurino suele ser cada década más o menos,
surge un torero que viene a ser el elegido:
aquel que con sus acciones en la plaza revitalizará
el espectáculo de toros, ilusionará a los públicos,
creará polémica entre los aficionados y perpetuará
la brava batalla. Está escrito.
Recuerdo a El Juli con seis o siete
años, siendo un auténtico mocoso, sentado con
su padre en uno de esos coloquios que Molés
organizaba con motivo de la feria de San
Isidro. El padre se empeñaba en que Molés
exhibiese en televisión un video con imágenes
de aquel crío toreando como su madre lo trajo
al mundo: siendo torero.
Desde entonces suena el nombre de El Juli
en el circo taurino. Fue becerrista de postín
( que pregunten el caché del torero en su pueblo
en aquella época), novillero sin picadores con
una legión de fieles partidarios, novillero
con picadores formado en Méjico debido a los
problemas legales de la edad con los que habían
de lidiar en España ; hasta llegar a convertirse
en una firme realidad como matador de toros.
Para gustos hay colores, claro que sí...pero
que el torero tiene raza, ambición y el coco
que un ingeniero de Sony para sí mismo querría,
no lo puede cuestionar nadie. El Juli
lleva dos temporadas siendo, junto a José
Tomás, el torero de tirón popular.
Ahora bien, a partir de aquí nuestros caminos
se separan: José Tomás limita sus
actuaciones a las plazas sin televisión y...bueno,
ya sabéis el resto de la historia. Sin embargo,
El Juli afronta la responsabilidad de
acudir a todas las ferias de relumbrón y tratar
de justificar su vitola de máxima figura. Ha
triunfado en casi todas las plazas de primera,
ante todo tipo de toros ( Madrid, Pamplona,
Bilbao...), ante todo tipo de públicos.
Ya sé que esto no es sino lo que siempre ha
sido el camino para una figura del toreo, pero
aún así no se le pueden restar méritos en los
tiempos que corren. Hay actitudes muy diferentes...
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