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La semana tiene un protagonista con nombre y apellidos: Juan José Padilla. A cualquiera que viese en su día el atragantón ( nunca mejor dicho...) de la tarde de Miura en Pamplona, le resultará difícil de creer que el diestro jerezano esté de nuevo en los ruedos. Han transcurrido tan sólo catorce días desde el percance de Pamplona, y las noticias de la gravedad de la cornada no solamente hacían peligrar su comparecencia del sábado en Santander sino la mayoría de las que el torero tenía apalabradas en el mes de agosto, incluida la de Bilbao para estoquear la corrida de Miura en solitario.

Sin embargo, Padilla, contra viento y marea; con la negativa de los doctores que desaprobaban la reaparición en todo momento, decidió tirar para adelante con el compromiso de la corrida de Victorino el pasado sábado en Santander. Y no contento con eso, fue el único torero que atravesó la puerta grande del coso norteño en todo su serial. Sencillamente, increíble.

La trayectoria de este torero de Jerez merece unos minutos de reflexión. Juan José Padilla puede que no constituya el paradigma del toreo clásico y ortodoxo, tan del gusto del buen aficionado, sin embargo, sí que se asienta con derecho propio en el trono de los toreros de raza: aquellos que construyen sus temporadas a base de corridas, que suelen cerrar los domingos o los lunes la mayoría de las ferias de postín, anunciadas con los hierros más duros.

Desde esta columna, no voy a caer en el error de demandar hierros comerciales para quien ha demostrado una capacidad lidiadora y, sobre todo, un afán de superación desmedido, como es el caso de Padilla. Ese ha sido el error de muchos otros toreros de ese mismo corte. Cualquiera que se precie de buen aficionado, debe tener muy claro la importancia de los diferentes tipos de cortes de torero. El comportamiento del toro, tan diferente, cambiante y variado; encuentra la horma de su zapato cuando se acopla con un torero de su mismo corte.

No obstante, el comienzo de temporada de Padilla ha sido como para poner a cavilar al más pintao. En San Sebastián ya le intentó quitar la cabeza un toro, cuando fue prendido por el cuello tras una larga a porta gayola. En Sevilla, resultó corneado por un toro y ahora...lo de Pamplona.

Honestamente, es difícil llevar a cabo una lectura objetiva de la trayectoria de este torero: ¿ hambre de torero o loco?, ¿ Afición desmedida o insensatez?. Sinceramente, no lo sé, pero en esta ocasión no cabe sino ensalzar los gestos de este torero sobre la plaza. Padilla ha escrito una heroica página en las memorias de los aficionados, y el 25 de agosto más...ante seis de Miura, en solitario y en Bilbao.