| Carlos
Miguel Fernández Recio
La semana tiene un protagonista con nombre
y apellidos: Juan José Padilla. A cualquiera
que viese en su día el atragantón ( nunca
mejor dicho...) de la tarde de Miura
en Pamplona, le resultará difícil de
creer que el diestro jerezano esté de nuevo
en los ruedos. Han transcurrido tan sólo catorce
días desde el percance de Pamplona, y las noticias
de la gravedad de la cornada no solamente hacían
peligrar su comparecencia del sábado en Santander
sino la mayoría de las que el torero tenía apalabradas
en el mes de agosto, incluida la de Bilbao
para estoquear la corrida de Miura en
solitario.
Sin embargo, Padilla, contra viento
y marea; con la negativa de los doctores que
desaprobaban la reaparición en todo momento,
decidió tirar para adelante con el compromiso
de la corrida de Victorino el pasado
sábado en Santander. Y no contento con
eso, fue el único torero que atravesó la puerta
grande del coso norteño en todo su serial. Sencillamente,
increíble.
La trayectoria de este torero de Jerez merece
unos minutos de reflexión. Juan José Padilla
puede que no constituya el paradigma del toreo
clásico y ortodoxo, tan del gusto del buen aficionado,
sin embargo, sí que se asienta con derecho propio
en el trono de los toreros de raza: aquellos
que construyen sus temporadas a base de corridas,
que suelen cerrar los domingos o los lunes la
mayoría de las ferias de postín, anunciadas
con los hierros más duros.
Desde esta columna, no voy a caer en el error
de demandar hierros comerciales para quien ha
demostrado una capacidad lidiadora y, sobre
todo, un afán de superación desmedido, como
es el caso de Padilla. Ese ha sido el error
de muchos otros toreros de ese mismo corte.
Cualquiera que se precie de buen aficionado,
debe tener muy claro la importancia de los diferentes
tipos de cortes de torero. El comportamiento
del toro, tan diferente, cambiante y variado;
encuentra la horma de su zapato cuando se acopla
con un torero de su mismo corte.
No obstante, el comienzo de temporada de Padilla
ha sido como para poner a cavilar al más
pintao. En San Sebastián ya le intentó
quitar la cabeza un toro, cuando fue prendido
por el cuello tras una larga a porta gayola.
En Sevilla, resultó corneado por un toro
y ahora...lo de Pamplona.
Honestamente, es difícil llevar a cabo una
lectura objetiva de la trayectoria de este torero:
¿ hambre de torero o loco?, ¿ Afición desmedida
o insensatez?. Sinceramente, no lo sé, pero
en esta ocasión no cabe sino ensalzar los gestos
de este torero sobre la plaza. Padilla
ha escrito una heroica página en las memorias
de los aficionados, y el 25 de agosto más...ante
seis de Miura, en solitario y en Bilbao.
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