| Carlos
Miguel Fernández Recio
En el adiós de una figura del toreo ...de
alguien que se va mirando al futuro con el sosiego
que da la tranquilidad. Muchas cosas habrán
quedado por hacer en esa temporada constante
del ruedo de la mente, pero se marcha
sosegado.
Dos décadas como matador de toros separan aquel
hatillo repleto de sueños del esportón
cargado de tesoros con el que ahora marcha.
Llegó a ser número uno en los 80...
dicen ahora las crónicas de agencias, como si
esos números fueran a los toros lo que el top
ten a los Beatles.
En el adiós de un torero que es persona. Mantener
los principios e incluso enriquecerlos cuando
el éxito te sonríe, concede sentido a la vida.
La dimensión que todo adquiere va más allá de
lo que uno puede transmitir en una plaza de
toros. El pueblo rezuma sabiduría por los cuatro
costados y...¡qué pocas veces se equivoca cuando
adopta a alguien!
En el adiós de un ejemplo para toreros. El
triunfo con mayúsculas personalizado. En los
ruedos y en la vida. Conseguir objetivos y evolucionar
en la vida como consecuencia de una actitud
valiente, encastada y enrazada. El triunfo propio,
por y para los suyos. La superación de los públicos,
caprichosos e intransigentes por igual, para
poner de acuerdo a todos, en cuanto a la figura
de luces.
En el adiós de todo un profesional. La técnica
al servicio del hombre para superar los miedos
y dominar a la fiera. ¿ Con arte, sin arte?...no
me hagáis reir...¡con torería ante todo, que
es lo importante!
En el adiós de un torero de toreros. Que en
el mundo del toro no se escuchen palabras venenosas
cuando alguien recibe homenajes, es poco más
o menos que imposible...y ahora no se escuchan.
Compañeros como compañeros, profesionales como
profesionales y todos tratados con respeto y
cariño.
En el adiós de un torero del pueblo. Un vulgo
que ha sufrido y ha apoyado en los momentos
difíciles y que se alegra de su prosperidad
personal. Y un vulgo que ahora se pone en pie
para ovacionar incansablemente a un torero de
los suyos, en lo que constituye el más glorioso
homenaje de un torero.
En el adiós de Espartaco...
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