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LETRAS DE TORERO DE FRESA Y ORO
Opinión
En la génesis de la torería
Palabras de adiós
Se va Martín Recio...¡casi ná!
Semana de dolor
La revolución de los modestos
¡ A Madrid que vaya...Rita La cantaora !
Forjado de hierro
El Elegido
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Cosas que cambian
La vida no es una tómbola
El regreso de Aparicio
Andares de oro
Calentando motores
Estrategias
Toros a ritmo de módem
En la génesis de la torería
Carlos Miguel Fernández Recio

Es extraño comprobar que todos lo medios de comunicación, a propósito del triunfo de Esplá, destacaron un mismo adjetivo: la torería. A pesar de ser una extraordinaria coincidencia, la lectura puede y debe ir más allá. Allí sucedió algo que transmitía ese sentimiento al público presente y a los telespectadores.

La crítica taurina ha sido catastrofista y exagerada por igual en todos los tiempos; basta con tirar de hemeroteca y leer alguna crónica de otro tiempo para encontrar nefastos augurios o triunfos ensalzados hasta rozar un carácter mitológico. Las frases del tipo: si esto sigue así nuestros ojos verán el fin de la fiesta o toreó con la profundidad y el temple a la que cantan los poetas, abundan en las crónicas de los Corrochano, K-hito, Cañabate ...

Por supuesto que en los tiempos actuales, a pesar de la variedad de encastes, este tipo de recursos estilísticos también se utilizan, si bien adaptados al momento. Sin embargo, y esto se percibe no sólo en los medios sino también en los comentarios de los aficionados, ha disminuido la admiración por la figura de luces.

El torero ha sido tradicionalmente una figura que infundaba respeto e incluso, en algunos casos, sensación de inaccesibilidad. Un cierto halo de misticismo que manaba de aquella presencia que se citaba con la muerte tarde sí, tarde no. Tradicionalmente, el torero ha surgido de ambientes marginales de los cuales se suponía que obtenía la fuerza y ánimo para sobreponerse a las adversidades y ....al miedo.

La era actual de la comunicación ha destruido el mito del torero. Conocemos todo lo que el torero hace fuera de la plaza: sabemos dónde vive, con quien, qué coche tiene, si se separa, los cumpleaños de los niños...El becerrista que debuta estrena traje, capotes, lleva furgoneta; tiene mozo de espadas, apoderado y, en gran número de ocasiones, el respaldo de una escuela taurina que le soluciona la temporada, siempre y cuando el crío tenga condiciones.

El torero ahora quiere ser artista, quiere transmitir el toreo como él lo siente. Preocupados por conseguir lo que está al alcance de muy pocos, algunos llegan a ser calificados con el más grandioso adjetivo para un torero: figura del toreo. Sin embargo, ahora hay quince figuras del toreo todos los años por el mero hecho de matar 50, 60 o 70 corridas al año. No, eso no es ser figura del toreo, eso es gozar de una situación de privilegio dentro del circuito taurino. Y, cuidado, que no critico a los que estén en esa situación, pero sí que los pongo en su sitio.

Figura del torero no lo puede ser cualquiera. Todo aquel que coge un capote en las manos no es capaz de transmitir algo. Independientemente del número de corridas toreadas, atravesamos una época de sequía en lo que a torería y capacidad de transmisión se refiere.

Por ello, cuando presenciamos algo como lo del domingo en una plaza de toros, nos ponemos todos de acuerdo. Eso forma parte de la esencia del toreo, presente en la génesis de la torería...