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Antonio
Capón Sánchez
La historia de esta plaza comienza un 28 de
diciembre de 1957 cuando en su corrida inaugural
la ganadería de Clara Sierra elige sus mejores
toros para que Joselillo de Colombia, Joaquín
Bernadó y Gregorio Sánchez pusieran la primera
piedra taurina al que hoy es, junto con el de
México, el coso más importante de América.
La Plaza de toros de Cali, o de Cañaveralejo,
cobró pronto gran importancia gracias a la la
Feria de la Caña de Azúcar de Cali y la Fiesta,
cada vez más, fue haciéndose parte de la tradición
cultural de los caleños. Pero es a partir del
30 de junio de 1995 cuando comienza la historia
reciente.
En esa fecha se constituye la sociedad anónima
Plaza de Toros de Cali, cuyos antecedentes hay
que buscarlos hacia 1970, cuando la Asamblea
de Accionistas decidió crear una fundación sin
ánimo de lucro a la que llamó Fundación Plaza
de Toros de Cali. Desde entonces no ha dejado
de tener un aporte invaluable dentro de la comunidad.
A esta Fundación se le entregó el manejo administrativo
y financiero de la sociedad anónima, para de
esta forma donar todas las utilidades del negocio
a través de entidades que se encarguen de prestar
servicios a las clases menos favorecidas de
la ciudad.
En la actualidad tiene inscritas 20.595 acciones
en circulación y está orientada por una Junta
Directiva que es elegida por los accionistas
cada dos años. La estructura de la plaza estuvo
bajo la dirección de los ingenieros Francisco
Villaquiran y Gino Faccio, quienes empezaron
la construcción con la financiación inicial
del gobierno, algunos bancos y las 2.740 acciones
que fueron compradas por la ciudadanía caleña.
La obra está pensada para 17.000 personas y
el proyecto, desde el principio fue concebido
como algo más que un mero recinto taurino.
A la característica forma de embudo hay que
unirle los mejores corrales del mundo donde
se puede albergar diez encierros diferentes,
una amplia zona de aparcamientos y un espacio
destinado a las oficinas administrativas. Además,
la plaza es un espectacular recinto en el que
dan cita espectáculos públicos de carácter deportivo,
cultural, educativo o de ocio.
Mucho ha llovido ya desde aquella tarde. "Resoplón",
el primer toro lidiado, negro bragado, No. 14
que pesó 420 kilos aproximadamente (en esa época
no había pesa), llamaba a la puerta de toriles
momentos antes de que Melanio Murillo colocara
la primera vara de la reciente plaza. Esa tarde
en la que el inolvidable y admirado Joaquín
Bernadó tuvo el honor de cortar la primera oreja
y en la que Joselillo de Colombia dignificara
el albero con la vuelta a su perímetro. Pero
la vida sigue, con ella también la Fiesta y
hoy día la Plaza de Toros organiza la temporada
taurina más importante de Colombia. Diez corridas
de toros y una novillada con picadores son el
epicentro de la Feria, en la que la ciudad se
engalana para recibir a los primeros espadas
del escalafón internacional. Pero si hablamos
de esta plaza no debemos olvidar dos intensas
propuestas taurinas que tuvieron aquí su principal
soporte.
La llamada Temporada de Luces, ya que del
año 1994 y hasta 1998 se realizaron corridas
nocturnas en Cali. El resultado taurino fue
excelente; toreros y toros de primera categoría
deleitaron a la nueva afición con corridas que
ya son historia. Pero como casi siempre, y más
en un país repleto de convulsiones, factores
económicos no permitieron continuar con esta
temporada. Además es de destacar las Novilladas
Preferia y Cursos Prácticos: Estos festejos
son organizados directamente por la Escuela
Taurina de Cali, cuya encomiable lavor con las
jóvenes figuras en ciernes es digna de admiración
y elogio. Allí se dan cita los jóvenes novilleros
que lidian a muerte reses de ganaderías del
Valle y el Cauca, con el ánimo de formarse hasta
convertirse en matadores de toros.
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